Capitulo 2 Parte I

1844. Jean Baphtiste Berger.

La memoria los llevó al pasado, treinta años antes, cuando, siendo jóvenes oficiales, mantuvieron el primer encuentro.

Las imágenes aparecieron en sus mentes como el fulgor de los relámpagos: fuego, devastación, muerte.

Florián Aguirre, al frente de la acción, recordó la mañana en que el grupo ingresó en Santa Jarque de la Peña, una aldea encajada entre riscos, para socorrer a la población diezmada por una extraña serie de sucesos catastróficos.

Un médico francés, algunos curadores y varios voluntarios bajaron desde Aledo, siguiendo un camino de piedra que nadie recorría desde la peste del 37.

Aquella aldea, a tres jornadas de Totana, estaba enclavada en las laderas ásperas de la Sierra Espuña: una zona agreste y deshabitada, vinculada a antiguos monasterios y caminos olvidados.

Florián y Yussuf eran capitanes asignados a la guarnición del Regimiento de Infantería Ligera de Murcia y, meses antes, habían sido designados por el capitán general José Antonio Letamendi como capitanes de zona en los alrededores de Totana, Lorca y Aledo.

Las noticias habían llegado de a poco: un vendedor de telas que transportaba su mercancía pasó por el lugar cuando fue atacado por una horda fuera de control.

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