Capitulo 2 Parte III

Annette Vallón era institutriz. Había sido contratada por la familia Guzmán del Castillo: don Adolfo, un coronel retirado con hijas pequeñas, la había contactado a través de un tío suyo que era capellán en Marsella. Tenía veintiséis años, había nacido en Toulouse y había sido educada en un pensionado católico.

En aquel tiempo, era una señorita al servicio de una crianza respetable.

Tenía a su cargo a las dos niñas, Ángela e Irene, a quienes enseñaba lengua francesa, latín, piano, además de historia sagrada, matemáticas y lectura de autores ilustrados y moralistas.

Al mediodía almorzaba con ellas y, por las tardes, las llevaba a pasear por los jardines de la lujosa residencia Guzmán del Castillo.

En esas tardes veía pasar al galope al hidalgo general Berger, y sentía que la emoción le recorría cada centímetro del cuerpo.

Con el paso de las semanas aprendió su horario y recorrido y comenzó a asistir a su encuentro.

Una tarde, el general se percató de su presencia. Aminoró la marcha: pasó del galope al trote, luego al tranco, mientras tiraba suavemente de las riendas y erguía su posición con elegancia. Allí la vio, con el sol de la tarde haciendo resplandecer su cabello.

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