Capítulo 3 Parte II

En los primeros días, su corazón desbordaba de felicidad. Al percutir las placas de bronce, el sonido emergía claro, profundo, brillante; entraba por sus oídos y recorría su cuerpo, impactando en cada rincón. La vibración descendía, flotaba en el aire de sus pulmones, se recomponía en el aliento y ascendía hacia la garganta, donde cobraba fuerza para emerger en su voz.

Así, la tarde se llenaba de música. Las mariposas danzaban a su alrededor, trazando volteretas que teñían el aire de color. El aroma del trigo maduro se volvía más intenso. En esa confluencia, Gwen podía sentir en la boca el sabor del pan, y todos los sentidos se enlazaban en una experiencia de inmersión plena en el universo.

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