Capítulo 3 Parte IV

Aquella mañana la niña se despertó sobresaltada, sumida en un estado de emergencia que no llegaba a comprender. En los primeros instantes, la confusión fue tal que no supo cómo llamar a su madre para pedir ayuda; tampoco sabía formular una pregunta que explicara lo que estaba ocurriendo.

Caminó por la habitación como perdida, intentando encontrar su ropa, pero, a pesar de su edad, tuvo la sensación de haber olvidado cómo vestirse.

Desde la puerta observó a su padre, Friedrich, corriendo desesperado, juntando herramientas y preparando los carros para alistarse. Cargó palas, picos, hachas, un bidón grande de agua, mantas y frazadas. Unció los bueyes y fue de un lado a otro bajo la mirada azorada de Gwen.

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