Capítulo 3. Parte V

Los hombres de Kaunas emergieron de la cerrazón del humo. Más allá, los árboles ardían. Descendieron de los carros y descargaron sus herramientas: sierras grandes, palas, cadenas para arrastrar los troncos cortados lejos del alcance del fuego.

La columna se distribuyó a lo largo de la línea que se extendía entre el camino central y el arroyo, sobre una franja de siete kilómetros. Un arado pesado, tirado por ocho caballos, profundizaba el surco del cortafuegos. Los molinos bombeaban agua durante horas, y los cascos de los animales se hundían en el barro.

El incendio avanzaba de norte a sur. Si todo resultaba como esperaban, el camino central podría contener la dispersión de las llamas hacia el oeste; el arroyo bloquearía el flanco oriental; y el surco impediría el avance hacia el sur, el más peligroso, porque en esa dirección, a seis kilómetros, estaba el pueblo. Con esa estrategia, el fuego podría ser contenido en pocas horas.

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